Si eres mamá o piensas serlo, este primer decálogo es para ti:

 Ya fuiste testigo o estás a punto de vivir el momento más especial y milagroso del mundo.
 Educa a tus hijos en el respeto y el amor. Eso no significa que no debe haber firmeza, claro que sí. Sin embargo, no debes confundirla con autoritarismo. Trabaja rutinas, orden, palabras claras, normas y, sobre todo, respeto para ti como adulto y para tus hijos.
 No te lo tomes personal: tus hijos no te la tienen montada, no te quieren manipular, no hacen las cosas para sacarte de casillas. Lo que pasa es que están en un proceso de desarrollo, su cerebro apenas está aprendiendo y es en este momento cuando más te necesitan.
 Toma lo que más se parezca a ti y a tu familia: te vas a encontrar con miles de teorías, corrientes, experiencias, historias y pensamientos. Incluso muchas se pueden contradecir. Sigue tu intuición, toma y aplica lo que más tranquilidad te dé, aplica aquello con lo que más cómoda te sientas, independiente del ‘qué dirán’.
 Oídos sordos a palabras necias: desde las abuelas, tías, amigas y otras madres vas a escuchar qué debes hacer y cómo. Vas a recibir críticas y órdenes; escucharás cientos de mitos, creencias y, lo que es más común, todos creerán saber mejor que tú cómo criar a tus hijos. Cuando esto suceda, evade en lugar de enfrentarte. Cuando te pregunten, puedes intentar respondiendo “no lo sé”, “vamos a ver”, “todavía no hemos decidido”. Nuevamente, sigue tu instinto, tómate el tiempo que necesites. Confía en ti.
 No hay madres buenas o malas. No hay madres perfectas, solo maneras diferentes de hacer las cosas. No te sientas mal si lo haces diferente, si no eres igual a tu amiga, si tu hijo llora, si le das tetero, si duerme o no contigo, si come dulce o no. ¡Disfruta! Es tu mejor manera de hacer las cosas y lo haces con todo el amor del mundo.
 Cada cosa en su momento. Es inevitable comparar, “¿Ya caminó? El mío no”. “¿El tuyo ya habló?”. “Ya es hora de quitarle el pañal”… Cada niño tiene su propio ritmo, cada uno tiene sus momentos. Todos van a caminar y a hablar; odos dejarán el pañal. Respetarlos y acompañarlos es el mejor regalo de confianza y seguridad que les podemos brindar.
 Implementa rutinas: son una ayuda fundamental para los padres y una herramienta que genera seguridad en nuestros hijos. Las rutinas más importantes son las del sueño y la alimentación. Pronto se convertirán en hábitos y te harán a ti y a ellos la vida más fácil.
 ¡No a la culpa! Me atrevería a decir que las mamás tendemos a culparnos todo el tiempo, porque sí y porque no. Todo lo hacemos con el corazón creyendo que es lo mejor para nuestros hijos y la culpa no ayudará mucho en este proceso.
 Cuida de ti misma. Debemos estar bien para nuestros hijos, descansar, sacar tiempo para estar a solas, para compartir con nuestra pareja, salir con amigas, ejercitarnos o hacer eso que tanto nos gusta. Verás qué bien se siente y tus hijos notarán la diferencia.
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